Describir como un animal de
compañía a la Queen, sería injusto, pues este ser tan maravilloso, en vida y a
partir de ahora, eternamente, la consideré de la familia, mucho más que a otros
familiares, que únicamente me vincula el significado por consanguineidad.
Queen nos ha dado tanta vida y fidelidad en estos 15 años, que se ha ganado en mayúsculas NUESTRO AMOR, dejándonos el corazón partido, como la canción de Alejandro Sanz, que parafraseando sería:
¿Quién me va a recibir, cuando entre en casa?
¿Quién me va a exigir, la hora de
la comida?
¿Quién me va a ladrar, cuando haga
el payaso?
¿Quién me va a llorar, mientras yo
como?...
La
Queen llegó a nuestro hogar un 15 de marzo de 2011 y se marchó el pasado 5 de
febrero, dejándonos huérfanos de compañía, dependencia y cariño irremplazable.
Si tuviera que describir tantas vivencias y sobre todo la convivencia que hemos
disfrutado con esta bichilla, necesitaría varias entradas, pues han sido 15
años maravillosos.
Los dos últimos años, por los arrebatos de su salud, nuestra vida ha rotado entorno a la Queen, su dependencia y su inseparable compañía ha sido tan intensa, que ahora su ausencia es mucho más dolorosa de lo que podíamos imaginar. Cada cosa que hago espero que aparezca, al entrar en casa o cuando iba a la cocina que siempre me perseguía. Nunca hubiese dicho que echo de menos sus lloriqueos y el claqué de sus uñas sobre el parqué para pedir comida (Sofia decía que se movía como un costalero de semana santa). Añoro la decenas de veces que le limaba el hocico durante el día. Me cuesta no poner los obstáculos en el sofá y sillón para que no se subiera después de la lumbalgia que tubo hace unos meses…
En fin, han sido tantas cosas, tan intensas y tanto amor que nos ha dado, que nunca la olvidaré.
Gracias por tanto, QUEEN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario